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Mi manifiesto liberal. Así veo las cosas y así las cuento

¿Derecha o izquierda?




Lo del término derecha-izquierda en política se originó en la Revolución Francesa. En la Asamblea de Representantes los aristócratas se sentaban a la derecha del presidente de dicha Asamblea mientras que los trabajadores se sentaban a su izquierda.

Hoy en día parece que se nos esta imponiendo la idea que los de derechas son los malos y los de izquierdas son los buenos. Se hace esa dicotomía entre derecha e izquierda pero se tapa otra dicotomía entre totalitarismo y liberalismo. Yo personalmente discrepo de la bondad absoluta de la izquierda y de la maldad absoluta de la derecha, pero si que estoy de acuerdo en la maldad absoluta de los totalitarios y en la bondad absoluta de los liberales.

Ahora cabe preguntarse lo que es el liberalismo. Muchos relacionan esta palabra como algo muy malo de la derecha. Yo diría que el liberalismo es una ideología que no se puede atribuir ni a la derecha ni a la izquierda. Incluso me atrevería a decir que ayuda a la izquierda en el sentido de que da oportunidades a los humildes para introducirse en el mundo económico y empresarial con total libertad y sin trabas burocráticas.

Las tres palabras claves de la Revolución Francesa son libertad, igualdad y fraternidad. Aplicando dos de estas palabras puedo afirmar que el liberalismo aplica la libertad para posteriormente llegar a la igualdad, mientras que el comunismo es una ideología totalitaria que utiliza la opresión para llegar a la igualdad. Los acontecimientos de la historia nos han demostrado que por egoísmo de los gobernantes el comunismo fracasó mientras que el liberalismo nunca se aplicó en toda su extensión.

En los regímenes comunistas nunca se llegó a la igualdad por la tentación de los gobernantes de llevarse la mayor parte del pastel. Mientras que al liberalismo no se le puede juzgar si fracasó o ha tenido éxito, se queda simplemente en teoría económica. Es muy difícil aplicar el liberalismo en toda su extensión ya que exige al sector público que realice solamente aquellas tareas dedicadas a conservar los mercados, o sea a la seguridad externa e interna del país para proteger sus mercados, a la enseñanza para educar los futuros oferentes y demandantes, a la sanidad para proteger la salud de los oferentes y demandantes, y a la justicia para dirimir los conflictos que hay entre oferentes y demandantes. En términos cuantitativos lo ideal para un sistema liberal sería que el sector público representase como máximo el 1% del producto interior bruto (P.I.B.). Sin embargo los gobernantes caen en la tentación del poder, ya que si hay poco gasto público, ellos recibirían una escasa retribución. Por otro lado, algunos gobernantes hacen lo posible para favorecer los negocios de sus amistades y familiares, con lo que desvirtúa el juego del mercado.


Si hubiese existido realmente un sistema de liberalismo, en cada sector de la economía habría mercados con muchos oferentes y muchos demandantes, todos estos con una información perfecta para tomar decisiones. Todos estos agentes se beneficiarían mutuamente. Pero la realidad es otra bien diferente, ya que analizando cada sector de la economía podemos ver que en la mayoría de los mercados de consumo hay cada vez menos oferentes debido a los procesos de fusión y absorción con lo que se crea un oligopolio de oferta que impone sus condiciones a los consumidores. En los mercados de trabajo, no solo hay procesos de fusiones y absorciones sino también un proceso tecnológico que hace que cada vez se demanden menos fuerza de trabajo por lo que cada vez hay más desempleo. Esto debería ser regulado y vigilado por los gobernantes para que la competencia perfecta no se convierta en oligopolio o en monopolio.

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