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Mi manifiesto liberal. Así veo las cosas y así las cuento

¿Nacionalismo o antinacionalismo?



Es enriquecedor conservar y promocionar la cultura y las tradiciones de una zona geográfica, pero otra cosa muy distinta es tener la pretensión de implantar una identidad nacional basándose en elementos culturales o tradicionales diferenciados. Hoy en día gracias al desarrollo de las infraestructuras de comunicación vivimos en una aldea global donde las fronteras ya no tienen sentido. Las personas y las mercancías se pueden presentar en pocas horas en un determinado lugar aunque estén a varios miles de kilómetros de distancia, e incluso las noticias se presentan en tiempo real gracias al desarrollo de la informática y de las telecomunicaciones.

Por otra parte, esto de tener dentro de las fronteras de un mismo país otras subfronteras lo notan los contribuyentes en sus bolsillos. En el caso específico de España, un contribuyente tiene que pagar impuestos para financiar a cinco administraciones públicas: La Unión Europea, el Estado, la Comunidad Autónoma, la Diputación Provincial y el ayuntamiento. Incluso hay veces que estas administraciones públicas se pisotean las competencias en un determinado asunto. Yo sería partidadario de fulminar de un plumazo a las administraciones del Estado, de las Comunidades Autónomas y de las Diputaciones Provinciales y dejar sólo a la Unión Europea y a los ayuntamientos como administraciones de proximidad al ciudadano ya que si la calle X necesita ser asfaltada en Bruselas no van a saber ni donde esta esa calle. Por otra parte se puede hacer un convenio entre diversos municipios para desarrollar un sistema de servicios comunes en una área metropolitana. También haría falta educar a la ciudadanía para que en sus relaciones con la administración pública se hiciera a través de la telemática informática, sobre todo con la administración de la Unión Europea, porque Bruselas está bastante lejos.

Conclusión: Ojalá España en un futuro desaparezca, pero no para disgregarse en los pequeños trozos que representan las Comunidades Autónomas, sino para que se integre en una organización supranacional como puede ser la Unión Europea. Aunque a la Unión Europea le falta bastante para tener unos sólidos pilares económicos, políticos y sociales, pero de todas formas imaginaros lo que nos ahorramos si ya no existiera el rey, ni el presidente del gobierno, ni los ministros, ni los altos cargos de la administración, ni los más de quinientos diputados y senadores, ni los presidentes y consejeros autonómicos, ni los parlamentarios autonómicos, ni los presidentes y diputados de la diputación provincial y ni los funcionarios del Estados y de las Comunidades Autónomas.

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